En el hogar nórdico la cerámica no es vajilla: es la pieza de carácter. Gres de tacto mineral, esmaltes mates con matices y formas que confiesan la mano que las hizo.
Qué la distingue
Frente a la porcelana perfecta e idéntica, la cerámica nórdica abraza la variación: cada pieza es ligeramente distinta, y ahí está su valor — la traducción doméstica del wabi-sabi. Colores minerales (arena, gris piedra, azul humo, verde salvia) que se funden con los colores nórdicos.
Dónde marca la diferencia
La mesa de diario (una fika en taza de gres sabe distinto), jarrones que sostienen una rama y ya, y cuencos a la vista en estanterías — el objeto útil como decoración, la esencia del funcionalismo. España, potencia ceramista, lo tiene fácil: la pieza artesana local es más nórdica de espíritu que cualquier importación en serie.