La paleta nórdica nace de una necesidad: multiplicar la poca luz del invierno escandinavo. Blancos rotos, grises cálidos, arenas, tierras y verdes apagados — colores que reflejan sin deslumbrar.
La base
Blanco roto o hueso en paredes (el blanco puro es frío y de clínica), madera clara como segundo neutro y un gris cálido —greige— para dar profundidad. Sobre esa base, todo combina.
Los acentos
Tierras (terracota apagado, ocre), verdes grisáceos (salvia, eucalipto), azules empolvados y negro en dosis mínimas para anclar. La regla nórdica: los colores fuertes van en lo que se cambia fácil —un cojín, un jarrón— nunca en el armario de 180 cm.
Bajo luz mediterránea
Nuestra luz intensa satura los colores: lo que en Estocolmo es beige sereno, aquí puede amarillear. Solución: bajar un punto la calidez de las paredes y dejar que la madera y los textiles pongan el calor. Más en nuestra guía del estilo escandinavo.